Aferrados a Cristo en la Tormenta
- iglesiaunf777
- 29 sept 2025
- 2 Min. de lectura

Devocional
Las tormentas de la vida llegan sin previo aviso. Un día todo parece tranquilo y al siguiente nos encontramos en medio de un huracán emocional, financiero o familiar. Estas tormentas pueden hacernos sentir como si estuviéramos naufragando, buscando desesperadamente algo a lo que aferrarnos. En 1857, un joven sobrevivió al hundimiento del SS América aferrándose firmemente a una tabla. No importaba lo fuerte que golpearan las olas, él no soltó sus salvavidas. Esta historia nos recuerda una verdad espiritual profunda: en nuestras propias tormentas, Cristo es nuestra tabla de salvación. Cuando los vientos de la adversidad se planeen con fuerza, nuestra tendencia natural es dejarnos llevar por el pánico, abandonar los principios divinos y confiar en nuestras propias estrategias. Pero hay un camino mejor. Jesús nunca prometió ausencia de tormentas, sino su presencia en medio de ellas. En Juan 16:33, nos asegura que aunque en el mundo tendremos aflicciones, podemos confiar porque Él ha vencido al mundo. Esta promesa no es solo un consuelo temporal, sino un ancla eterna para nuestra alma. Hoy, sea quien sea la tormenta que enfrentes, recuerda que tu supervivencia espiritual depende de quién te aferras. No a las circunstancias cambiantes, no a las opiniones de otros, sino a Cristo, la roca inmutable.
Versículo bíblico
"En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." - Juan 16:33
Pregunta de reflexión
¿A qué te has estado aferrando durante tus recientes tormentas? ¿Has confiado más en tus propias soluciones o en Cristo como tu tabla de salvación?
Cita Lo que nos mantiene vivo es aferrarnos a Cristo. Lo que nos mantiene vivos es parecernos a Cristo. Lo que nos mantiene vivo es tener la confianza en Dios y no en la circunstancia, la confianza en Dios y no en la gente, la confianza en Dios y no es la cuenta de banco, La confianza en Dios más que los medicamentos que me tomo.
Oración
Señor Jesús, en medio de mis tormentas, ayúdame a aferrarme a ti con todas mis fuerzas. Cuando las olas de la vida me amenazan, me recuér que tú eres mi salvación y mi refugio seguro. Dame la fe para confiar en ti más que en mis propias soluciones. Amén.










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